Lo mejor de la noche, fue el tipo que salió indignado a reclamar la meada que derroche en su puerta. Yo, mientras meaba, pensé: estoy meando una puerta de madera, la madera absorberá el líquido y por ende ensuciaré menos la calle.
Después del derroche fui por mi cerveza. La deje en el minimonolito de hierro que separa la vereda de la pista. Seguramente pensaba mierdas cuando salió un tío de la nada (de entre Ayacucho con Bolívar) preguntándome sí yo había orinado su puerta. En un lapsus confecé mi fechoría y me disculpé inmediatamente, el tipo encolerizado me recrimino el acto y me condenó a un balde con agua. El tipo fue por el balde, yo terminé de cerrar la casaca y ya tenía a una anciana enfrente insultando con toda la razón del mundo, ofrecí conciliar con 5 soles, baldear la meada tampoco vale más. El tipo volvió con un baldecito, la anciana nunca dejo de insultar pero me pidió los 5 soles, se los dí rápidamente pero no impidió que la furia del tipo boté mi cerveza contra la pared de un puntapié. La anciana recibió mi dinero, mis constantes disculpas mientras bajaba por Ayacucho al puente Grau, pero igual al final y de espaldas, el pata ese de 52 años aprox. me aventó el baldecito con agua (digamos un litro) a lo que yo solo respondí gritandole: ¡encima eso! sin lamentar sentirme feliz por el mediocre resarcimiento.
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