Hay una vieja loca gritándole a una niña de catorce años en la casa de al lado. Escuche como le hablaba/gritaba por un tiempo sin darle importancia, estaba leyendo sobre la activación del acelerador de partículas mas grande del mundo, así que demoré en prestarle atención a la vieja loca. Me levante de la mesa de diario en el segundo piso de la casa de la abuela y fui al balcón conocido también como: El Españolito, nombre con el que lo bautizo el abuelo.
Me puse de cuclillas contra la baranda de rejas negras como cuando niño y observé a la vieja matona. Sus pies estaban hinchados pero no expandían las babuchas así que se veían abultados y torpes. La imagen era semejante a la de un paquidermo. La mocita fregaba una platina (seguramente inútil) escuchando un poco asustada y con resentimiento la perorata de la vieja, los bramidos, carraspeos, la frustración. Daba vueltas en círculos “no tienes voluntad para ayudar, no haces nada, eres una floja, una cochina” siempre dicen que son cochinas, pero las viejas se bañan con suerte una vez al mes, con mucha suerte. No porque sean cochinas, les debe ser muy jodido tomar una ducha. Puede que no quieran ver su cuerpo desnudo, con sus rollizos y arrugados pliegues de grasa, las pecas, manchas hepáticas… en fin.
Esperé a que se fuera del patio para tratar de hacer algo por la niña. Apenas entró la vieja a lo que parecía la cocina (sin dejar nunca de renegar) le silbé. Cuando la mocosa volteó le hice un gesto de locura. Al parecer no lo entendía, yo pensaba hasta ese momento que hacer girar tu dedo a la altura de la oreja era el símbolo internacional de la locura. “que esta loca la vieja” me miraba extrañada. Quería sonreírle, es más, creo que le estaba sonriendo, pero bueno. Le volví a decir dos veces más que la vieja estaba loca y entre.
“Carajo… nada hacen… de una vez… venga… Carajo ahí…” grito una madre de cuarenta años, bueno, pensé que era una madre de cuarenta años, pero era la vieja cuya ira irracional la nutría de fuerza jovial para insultar y humillar. Me levante rápidamente y volví a las rejas negras. La abuela no estaba en el patio, la chiquilla seguía fregando; el desden desapareció de su rostro. Estaba indignado por culpa de una vieja gorda, podría ser mi abuela, estoy seguro que eran amigas desde incontables años, era la abuela de Paty la vecina, de Alonso el novio de la prima de Claudia. Seguramente esa vieja me cargo alguna vez de pequeño. Estaba indignado y grite. Ella grito y yo le seguí con uno más fuerte. Solo un grito, nadie más hizo nada por veintidós segundos. Luego murmullo algo sobre que hacen viendo el patio y que se vayan a mirar para otro lado, pero yo seguía ahí tratando de ubicar donde estaba la maldita. La chiquilla entro quedando todo vacío y el inquilino homosexual que vive en un cuarto del primer piso salio a lavar su ropa. Ambos pensábamos que estaba loca. No por ser vieja y abuela te ganas automáticamente el título de magnánima o noble, mucho menos cariñosa.
Me puse de cuclillas contra la baranda de rejas negras como cuando niño y observé a la vieja matona. Sus pies estaban hinchados pero no expandían las babuchas así que se veían abultados y torpes. La imagen era semejante a la de un paquidermo. La mocita fregaba una platina (seguramente inútil) escuchando un poco asustada y con resentimiento la perorata de la vieja, los bramidos, carraspeos, la frustración. Daba vueltas en círculos “no tienes voluntad para ayudar, no haces nada, eres una floja, una cochina” siempre dicen que son cochinas, pero las viejas se bañan con suerte una vez al mes, con mucha suerte. No porque sean cochinas, les debe ser muy jodido tomar una ducha. Puede que no quieran ver su cuerpo desnudo, con sus rollizos y arrugados pliegues de grasa, las pecas, manchas hepáticas… en fin.
Esperé a que se fuera del patio para tratar de hacer algo por la niña. Apenas entró la vieja a lo que parecía la cocina (sin dejar nunca de renegar) le silbé. Cuando la mocosa volteó le hice un gesto de locura. Al parecer no lo entendía, yo pensaba hasta ese momento que hacer girar tu dedo a la altura de la oreja era el símbolo internacional de la locura. “que esta loca la vieja” me miraba extrañada. Quería sonreírle, es más, creo que le estaba sonriendo, pero bueno. Le volví a decir dos veces más que la vieja estaba loca y entre.
“Carajo… nada hacen… de una vez… venga… Carajo ahí…” grito una madre de cuarenta años, bueno, pensé que era una madre de cuarenta años, pero era la vieja cuya ira irracional la nutría de fuerza jovial para insultar y humillar. Me levante rápidamente y volví a las rejas negras. La abuela no estaba en el patio, la chiquilla seguía fregando; el desden desapareció de su rostro. Estaba indignado por culpa de una vieja gorda, podría ser mi abuela, estoy seguro que eran amigas desde incontables años, era la abuela de Paty la vecina, de Alonso el novio de la prima de Claudia. Seguramente esa vieja me cargo alguna vez de pequeño. Estaba indignado y grite. Ella grito y yo le seguí con uno más fuerte. Solo un grito, nadie más hizo nada por veintidós segundos. Luego murmullo algo sobre que hacen viendo el patio y que se vayan a mirar para otro lado, pero yo seguía ahí tratando de ubicar donde estaba la maldita. La chiquilla entro quedando todo vacío y el inquilino homosexual que vive en un cuarto del primer piso salio a lavar su ropa. Ambos pensábamos que estaba loca. No por ser vieja y abuela te ganas automáticamente el título de magnánima o noble, mucho menos cariñosa.

11 comentarios:
TEN CUIDADOP CON LA VEJEZ.HACIA AHI VAS
mucho mucho cuidado
la tecnoligia es una cagada
hhhhhhhhh
??????????
Pudiste hacer un muy buen post en contra del maltrato a la joven, pero terminaste cayendo en lo mismo que condenas, una misoginia terrible, intolerancia, machismo, no arregla el problema de la violencia domestica el insultar asi a las mujeres, al contrario solo reproduce una y otra vez la conducta agresiva.
Ella le decia cochina a su hija, y tu desde este blog llamas a esta mujer fodonga , es contradictorio. tengo esperanza que solo sea por el coraje producido.
Bueno, la verdad que me sorprendió mucho tu comentario, no encuentro más que ira y frustración en mí posteo. Le digo vieja, gorda, paquidermo, hago referencia a sus pliegues de grasa, manchas hepáticas, carácter de loca... (creo que no se me escapa alguna otra) y no creo que nada de eso demuestre misoginia o machismo :S No busco solucionar el problema del maltrato domestico, esto que escribo es solo una crónica de lo que vi. Por ultimo no encuentro similitud en gritarle a una mocosa de 14 años a la que tienes de empleada con escribir tus impresiones al respecto, así que por favor dime cual es la contradicción que mencionas.
respetanto la hidalgia de la vejez, la descripcion del hecho y de la persona en si, me recuerda y grafica exactamente a la persona que si parece disfrutar del maltrato a quien no puede defenderse,no tendriamos por que generalizar.
nadie a generalizado U_U
tan solo fisgoneando a tu vecina
.... a la vecina de la abuela, que por cierto creo que ya murio
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