04 octubre 2007

Cuento Corto - Malacostumbre

Echado leyendo el libro que le quise regalar a mi abuelo y que al final termino quedándose conmigo, en arequipa… La ventana esta abierta, entra un viento ligero, y consigo trae a cuestas el sonido del estereo vecino. Cruzando la calle y una casa/huerta se ve la parte trasera de una casa, la puerta al cuarto de alguien de mi edad, o quien sabe de repente debe ser menor; pero escucha música a “elevado volumen” jajaja.

La puerta es de madera, el cuarto esta en la esquina. Ahora no estoy seguro, pero ya otra vez me había quedado escuchando la música y me dio la impresión de que la puso mientras se duchaba. De algún lado escuche una ducha. Pero esa ves si estuve seguro de la deducción: La música la pone para ducharse.
En esa ocasión y al igual que ocurre ahora, tengo la impresión que el responsable es un tipo. Corrijo, tenía, porque es precisamente por eso que me levante a escribir apuradamente en la vieja maquina del abuelo (dios mío que cliché) Porque mientras estaba tumbado en la cama supuestamente leyendo, dejándome distraer en realidad por la música (que tampoco era muy buena música) es que los efectos de la pava aparecieron. Pensé: ¿y si es una chica? ¿Por qué no? Jajaja pone música para ducharse, yo también hacia eso. Pero eso de chibolo. Entonces quizá es una chibola ¿Por qué no?
Se supone que en ese caso tendría que contrarrestar su música, o era comunicarme por música… claro, tendría que hacer notar que poner música a todo volumen también es una especialidad mía. De ser posible tendría que demostrar que incluso mi música era mejor, ¡mejor selección! Pero ya no tenia ganas de hacer esas cosas.

Lo mejor era estar atento a algún cruce que tengamos. De cualquier forma éramos vecinos, era muy probable que eso sea lo primero que ocurra. Nada más: Tu música se escucha hasta mi cuarto ¿que mas? Eso quiero. Solo llegar a entablar esas relaciones que no lo son, pero han de tener un adjetivo que las encasille bien. Simplemente conocidos.
La música ya dejo de sonar, creo que voy por comida… a la tienda. Cuando este caminando con el Ipod en la mano derecha, saldrá de su casa, tendrá el cabello mojando, no, húmedo. Andaremos los dos hacia la tienda y diré: Tu música se escucha hasta mi cuarto sonrío medio segundo, sigo de frente. Llego a la tienda. Polo de dormir, bermuda de colegio, zapatillas y sin medias. Dos Pall Mall. Ella llega a la tienda: “¿Qué, donde vives?”
Al otro lado de la calle, en la casa de la esquina, vive un chibolo que estará en 2do o 3er año de universidad. Lo he saludado un par de veces. Espero que sea un drogadicto sin remedio. Tendría quien me salve a la vuelta. Fácil tampoco conoce a mucha gente por aquí. Todos viven sus vidas en sus casas y no existe una idea de “barrio”. Lo más probable es que esta exista, solo que yo aun no pertenezco y no creo que llegué o me importe pertenecer.

El debería ser un drogadicto sin remedio. En ese caso también pasaría buena parte del día en su casa. Eventualmente conoceríamos a la chica/ducha y la iniciaríamos en la mala costumbre. Tres puntas, luego mi enamorada. Cuatro, cuatro puntas que no dejaríamos de fumar y perder el tiempo ¡como debe ser! Recuperando el capital, produciendo con lo que mejor sabemos hacer o con lo que estudiamos.

Una buena vida por un tiempo, no mucho, lo necesario nomás. Después te ingenias otras formas de pasar el tiempo o vivir distinto, ahora tiene que ser así: La tipa que escucha música a todo volumen mientras se ducha y el chibolo drogadicto que viva en la esquina.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Encasillada en el blog de la bestia de la banca, me arden los ojos! see u

ross dijo...

*una buena vida, por un buen tiempo...como debe ser!*